A las mujeres, en mayor o menor grado, dependiendo de nuestra generación, nos han pretendido adoctrinar siempre bajo una consigna: La familia.

Pero… Y dónde quedamos nosotras?

Qué pasa cuando no encontramos alguien que amerite embarcarnos en esa aventura de tener pareja, pero nos gusta el sexo?

Para los hombres, la respuesta es fácil: Disfruten de su soltería! Pero de las mujeres, la zoociedad (sí, con z y doble o) espera que nos conservemos puras, castas y virginales hasta que llegue el próximo y a ese le regalemos nuestra renovada (o entelarañada) virtud.

Les contaba que me gusta el sexo. Y como se podrán imaginar, en mis épocas de soltería, sufría con lo que en Colombia llamamos “el verano”, que no es más que la abstinencia sexual con pareja. Y digo con pareja, porque obviamente una mujer que diga que gusta del sexo, debe saber disfrutarlo con ella misma! Pero, a pesar de ser una excelente alternativa, a veces hace falta sentir la piel de otro ser humano, jugar a la seducción o saber que despiertas el deseo de alguien.

Dado que hace unos años tuve una época de soltería un poco larga, llegué por casualidad, con un amigo, a conocer lo que era un “fuck friend” o “amigo con derechos”. Algo cercano a un amante, pero más en el terreno de amigo, que de pareja, porque al haberlo conocido como amigo, conocía todas sus debilidades.

Para un cumpleaños, en el que aún esperaba una llamada de ese ex que me dejó tirada, y llevando un año “veranieada”, le seguí la corriente (pues siempre me había coqueteado) y me dije a mí misma: “Mi misma, échate una canita al aire, que es tu cumple”. Aún recuerdo que él al principio creía que era en chiste, cuando yo ya estaba muy decidida a llevarlo a cabo. De dónde me salió tal valentía: No tengo la menor idea!

Aproveché que uno de mis asesores me invitó a almorzar y le pedí que me hiciera el cruce, que me iba a tomar la tarde libre. Me fui a mi casa a prepararme para el evento, él me recogería como a las 4. Después de un baño, llegó la pregunta: “Qué me pongo?!?!?!” Imagínense aquí una carita de terror, porque en esa época mi ajuar eran puros cucos y brassieres de abuelita (Y lo siguen siendo pa’l diario, pero ya hay cositas para ocasiones especiales…)

Afortunadamente, recordé que para cierta blusa que me regaló mi hermano (y que nunca usé), tuve que comprar un brassier rojo y por ende, su cachetero compañero, así que eso me salvó la patria y me enseñó un primer truco: Generar anticipación. No fue si no preguntarle a mi amigo que si le gustaba la ropa interior roja, para tenerlo dos horas imaginando lo que llevaría puesto… (Menos mal dijo que sí o me habría visto en serios aprietos!)

Conforme se acercaba la hora, me iba poniendo más nerviosa. Finalmente, me recogió, aún con cara de que yo le estaba jugando una broma y tendría una cámara escondida o algo. Sin embargo, después de dar algunas vueltas, terminamos entrando, a plena luz del día, a un motel. Cosa que no había hecho antes.

Creo que habré tomado algo de alcohol, porque seguramente los nervios eran muchos. Sin embargo, tuve la fortuna de que había mucha confianza y si no hubiéramos hecho más que charlar, no habrían habido reclamos de su parte. Duramos un muy buen rato charlando, hasta que la excusa de ver si la ropa interior sí era roja dio pie para que mis prendas fueran desapareciendo. Pero no hubo afán, por lo que me sentí supremamente cómoda.

Esa “canita al aire” duró como un año, pues nos fue mejor de lo esperado esa primera vez. Supongo que una mezcla de la confianza que había, más las ganas acumuladas por el verano, más pensar que iba a ser una única vez, hizo que ambos pusiéramos lo mejor de nosotros.

Con esa relación (si se le puede llamar así), aprendí algo que ninguna de mis amigas había aprendido: “A separar el corazón de la cuca”. Si señores: Ahí está el quid del asunto! La ventaja que nos han llevado los hombres a las mujeres toda la vida. O sea, aprendí a tener sexo, sin necesariamente estar enamorada y esperando que ese amante se volviera el amor de mi vida.

Con él, pude tener muy claramente definidas mis expectativas: Lo conocí como amiga, así que sabía que no era “boyfriend material”, porque en esencia, era un hombre infiel. Y alguna vez, muy crudamente se lo dije. Siempre tuve claro que no me iba a encarretar con él.

Lo curioso, es que por más liberada que suene, soy una “Mafalda wanna be Susanita”. Siempre he tenido muy claro lo que quiero en una relación y aunque me he pegado unos estrellones monumentales, sigo pensando que puede que eso llegue algún día.

Mientras tanto, el mundo sw me ha ofrecido la posibilidad de “tener sexo”, mientras llega eso de “hacer el amor”. Y falta ver qué pasará cuando llegue alguien con quien sienta que es esto último…

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