Mi primera vez como voyeur…

Fue con un compañero de la universidad. Varias veces le insistí que le quería pagar una prepago. Tenía esa fantasía desde que lo espié en cam4 masturbándose. Para aclarar el cuento me declaro gay. Pero me gustan los hombres heterosexuales. Deseo hombres que deseen mujeres y mi disfrute sexual lo aprovecho viendo como las hacen suyas. No me interesa tocarlos, sentirlos, ni nada… solo verlos disfrutar el placer carnal del sexo.

Mi compañero de universidad la escogió de tetas grandes, cintura pequeña y de culo pequeño, pero tonificado. La cita fue en un motel. Ella llamó a los pocos minutos que llegamos. Él no estaba tan excitado, era apenas obvio que estaba muy incómodo. Pero todo cambió cuando vio sus tetas. La emoción lo hizo sacarme mentalmente del lugar. Ella se sobaba contra él, le cogia el pantalón, apretando fuertemente su bulto.

En pocos minutos estaba de rodillas chupándole la verga, apretándolo de las rodillas para que sintiera sus grandes tetas. Cuando la tuvo suficientemente dura se puso en 4, pero el no dudo en voltearla para centrarse en el movimiento de sus tetas mientras la penetraba suavemente.

Yo parecía ausente, ninguno de los 2 me miraba. Estaban absolutamente concentrados en hacerse sentir el uno al otro. A los pocos minutos él se botó a la cama. Ella fue acomodándose para hacerse encima. Gemía y saltaba a gran ritmo, pensando en que su cliente quedara satisfecho. Completábamos 20 minutos cuando él se vino y la quito de su cuerpo.

Hubo un poco de conversación. Unos minutos donde ella pensó que él era mi novio. Varias veces le aclaramos que a duras penas éramos compañeros. Como buen cumplidor y viendo que el tiempo corría, él volvió a atacar tocando suavemente sus tetas y dándole señas que venía el segundo.

Esta vez fue menos relajado. Ella presionó por el tiempo: “solo te quedan unos minutos”. Entonces su testosterona se disparó y aprovechó para encarnizarse contra su dama prestada. La puso de pie contra la cama, luego la volteo y demostró las horas que pasaba en el gym, cuando la alzó para penetrarla, estando completamente de pie y ella abrazándolo con las piernas. Hubo un momento donde sin dejarla de penetrar, la recostó contra la cama y se sacó el condón para regar su leche en todo su cuerpo.

Quedaban 10 minutos. Su vagina quedó completamente humeda. Agradeció a su comensal por el buen rato y se dio una pequeña ducha que apenas alcanzó a quitarle el semen.

¿Es pecado? No lo sé. Tampoco me lo pregunto. Pero todos mis bajos instintos se activan cuando veo ese placer rebosante de un hombre preocupado por su propio placer. De ahí que escoja prepagos, por encima de las propias mujeres swingers o que me preocupe conseguir una pareja aliada.

Cuando existe una transacción económica, queda claro desde el primer momento que viene ahí a que se le disfrute. He visitado bares swingers, fiestas y eventos privados. Pero nada se compara con la privacidad de una pareja. No hay disfrute superior a ver a un hombre encarnizado con unas tetas, abriendo a vergasos una deliciosa vagina y palmeando fuerte un culo que tiene prestado por una hora.

Allí suda el deseo, se deshinibe, se preocupa por su propio ser. Ella solo es un objeto de deseo que presta su cuerpo por el tiempo que se le contrate.

 

*Foto tomada de: https://www.flickr.com/photos/lulazzo/2350540706

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